1 dic. 2011

Hay cosas que por mucho que crezcamos no debemos olvidar. Las historias de la abuela, el beso de buenas noches de papá, esos enfados del abuelo que tanto te hacian reír, ese osito de peluche que con tanto cariño abrazabas, esa sonrisa que tan pocas veces te sale y que cuando los demás la ven te dicen que estás preciosa. Son cosas que deben guardarse. Son pequeños detalles, pequeñas cosas que te llenan a lo grande, y que en el momento que estés en el fondo del pozo, acordarte de ellos será el torpedo que te hará subir. En eso se basa todo, en pequeños detalles. En la mirada que tanto te gusta de ese chico tan especial, en esa palabra que tu amiga y tú repetís siempre y os reís, en ese roce de manos sin querer que despierta a las mariposas de tu estómago, ese momento que te quedas sin aire y piensas: me encantaría parar el tiempo aqui y ahora. Si hoy lo ves todo nublado es porque mañana saldrá el sol, y lo hará solo para que tú sonrías.

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